Mis niños

El amor se riega todos los días

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En el nirvana, El séptimo cielo, Heard & McDonald Islands
RÍE. LLORA. AMA. VIVE. Republicana, progresista y romántica por excelencia. Fuerte sentimiento de la justicia. Divino desastre pálido y frío. Creo en el destino, en la educación al pueblo y en el cambio. "Sapere aude."

sábado, 27 de septiembre de 2014

Soñar con ascensores que se rompen.

Llegué a un punto en mi vida en el que me podía haber sentido la persona más poderosa del mundo, como si hubiera escrito la Biblia y cada persona del mundo estuvo obligada a escuchar mis evangelios, ("aquel que escuche el evangelio está obligado a repetir el evangelio, y si no lo hacemos así, somos culpables de desobediencia a un gran precepto del evangelio."). Podía crear fuerte oleaje en agua dulce, convertir las aguas saladas en dulces; una sensación parecida a cuando al mirar el horizonte sientes poder ver y crear más allá de tus límites con sólo mover las manos en el aire y formar distintos ángulos entre ellas.
Quizás había perdido el norte, pero podía robarlo, incluso cortar el hilo rojo del destino de personas distintas a mí. Por poder, podía hasta palpar el mío propio, (¿puedes estar al otro extremo solitario de mi hilo del destino que siento tan vacío?).
Podía ABSOLUTAMENTE con todo menos con mi mente (mis enfermedades mentales y otras dolencias). Experimentaba como a mis pensamientos les salían dientes y empezaban a comerse mi cerebro y la manera en la que mi cabeza se ahogaba cuando vomitaban sus pedazos porque se empachaban. Mientras que exteriormente estaba como un cadáver el día de su funeral. Con su piel tan tenaz, tan pura, como que el día en el que estás más guapo en tu vida es el día de tu muerte.

Puede que pudiera ser que yo era poderosa y podía con todo. O más bien puede que pudiera ser que mis miedos me llenaban y podía ser una persona megalómana.

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