Mis niños

El amor se riega todos los días

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En el nirvana, El séptimo cielo, Heard & McDonald Islands
RÍE. LLORA. AMA. VIVE. Republicana, progresista y romántica por excelencia. Fuerte sentimiento de la justicia. Divino desastre pálido y frío. Creo en el destino, en la educación al pueblo y en el cambio. "Sapere aude."

viernes, 28 de noviembre de 2014

Yo, tu refugio, que el mundo va a volar en pedazos.

Cuando mis pupilas grande y negras se clavan en tu rostro, en cada poro que existe, cuando te acaricio cada vez que duermes el arco de la ceja o bajo la mano de tu cuello a tu espalda (tu exuberante espalda) siento un amor incipiente que acaba en ciclogénesis.

Somos astronautas que van de cosmos a cosmos de la mano y podemos ver más allá de lo que los mundanos ven. Y es que pensarán que vivimos en un mundo surrealista pero no ven que pintamos nuestra propia realidad. Tú y el pragmatismo. Yo y el existencialismo, pero la vida es demasiada corta como para no aprovecharla contigo.

Mi Osito. Yo me siento una libélula volando a tu alrededor donde siempre es primavera. Me siento pequeñita, menos estrambótica (estrambólica) y muy vigorosa, casi hercúlea. Rileo cada vez que me susurras, cuando tu voz se clavetea en mi sesera.

Porque me haces sentir como sentía Cortázar con Carol Dunlop ("Por grande que sea la oscuridad, no hay negrura que me haga retroceder. Tú y todavía tú" en Los astronautas de la cosmpopista).

Tantas veces me he tropezado en abismos negros, oscuros (tú sabes cuánto miedo me da la oscuridad) y profundos que cuando tus brazos rodean mi cuerpo puedo ir a la bóveda del cielo o donde nunca nadie ha llegado.

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